"Para ascender, también hay que saber ganar sin jugar bien"


Una generosa sonrisa le delata. Andreu, radiante y locuaz, está preparado para volver a hacerse un hueco en el Sporting. La dura travesía llega a su fin. El barcelonés no es ni muy alto ni muy bajo, pero confirma que el fútbol es el deporte más democrático del mundo. Juega en el centro y piensa tan deprisa como asiste a sus compañeros o dispara a puerta. Espera una oportunidad el próximo sábado para borrar los fantasmas de los últimos cinco meses.


-Dice la gente que le rodea que vuelve a ser feliz.

-Lo he pasado mal desde que me recuperé de la lesión porque, aunque ya estaba bien, no me sentía al 100%. Y, sí, la pasada semana, empecé, por fin, a encontrarme bien de verdad. Pude chutar, desplazar el balón, entrar fuerte...

-Lo suyo ha sido algo más que una travesía por el desierto.

-Todos me dicen que los futbolistas siempre pasan por un año de lesiones. A mí me ha tocado éste. Se pasa mal, sobre todo cuando vuelves a recaer, como fue mi caso, y tardas en recuperarte. Espero que no vuelva a suceder.

-Nunca se le había pasado por la cabeza este calvario.

-Había tenido alguna pequeña lesión, pero nunca dos y de dos meses de duración. Es cuando te preguntas el por qué.

-¿Y ha encontrado la respuesta?

-No, no. Uno, cuando cae lesionado, siempre piensa qué ha hecho mal. Y, cuando lo haces por segunda vez, aún te preocupas más porque no lo entiendes. Pero no he encontrado ninguna respuesta. Son cosas del azar.

-El fútbol cada día eleva más al atleta frente al futbolista.

-Uno piensa que no ha estirado bien, que ha hecho un gesto raro... Pero todos los futbolistas tenemos sobrecargas y no tiene por qué haber una causa concreta.

-Preciado le dejó, al final, fuera de la convocatoria la pasada jornada.

-Tenía mucha ilusión, pero no pudo ser. Esperaré la próxima oportunidad. Además, el equipo ganó, lo que era muy importante para seguir en los puestos altos.

-En el banquillo visitante estaba Esteban Vigo, un viejo amigo suyo.

-Estuve hablando con él antes del partido. Fue mi entrenador en el Barcelona y quien avaló mi fichaje por el Málaga. Gracias a Esteban tuve la oportunidad de jugar en Segunda División.

-Le daba los galones de capitán y le dejaba hacer a su antojo...

-No hasta ese nivel (risas), pero es verdad que me daba bastante libertad y mucho protagonismo.

-¿Qué balance hace, a pesar de todo, de lo que va de Liga?

-Cuando pasan cosas de estas, suelen decirse frases típicas, como que, tras caer, hay que aprender a levantarse. Lo que he aprendido estos meses ha sido a ver lo positivo de las cosas. Yo, de por sí, me considero una persona positiva, pero, cuando te lesionas y lo pasas mal, lo eres más aún. Pienso en mejorar día a día y miro el futuro y el estado del equipo porque estamos en un momento bonito para hacer algo importante.

-Usted no es de los que pierde fácilmente los nervios.

-No, no soy de los que se ponen nerviosos a menudo. Ni en el campo ni fuera. Tengo carácter, pero siempre controlado.

-Y, ahora, ¿a comerse el mundo o a tomárselo con tranquilidad?

-Ojalá fuera a comerme el mundo. Cuando tenga una oportunidad, lo primero será aprovecharla porque, después de tanto tiempo, cuesta rendir al máximo nivel.

-La gente suele valorar más a los ausentes que a los presentes.

-Cuando los resultados son malos o el equipo no juega bien, se echa de menos a los que no están. Cuando es al revés, no se echa de menos a nadie. Ojalá tenga la oportunidad de volver a jugar pronto.

-La baja de Matabuena y los problemas físicos de Míchel le abren la puerta de la convocatoria e, incluso, de la titularidad.

-Espero que sea así y pueda entrar en la convocatoria para Albacete. Después ya veremos si juego. Entrenaré esta semana como la anterior porque así seguro que tendré esa opción.

-Mucha competencia.

-Muchísima. Sergio, Míchel, Iván, Marcos y De Lucas. Somos muchísimos, pero eso es bueno para el Sporting porque, cuando falta alguien, siempre hay repuestos.

-Su relación con Preciado es...

-La misma. Siempre he tenido una buena relación con el míster desde que llegue el año pasado y sigue siendo la misma. No ha ido ni a más ni a menos.

-¿Cómo ve el equipo?

-Bien. La última victoria, aunque no fuera con un juego espectacular, ha sido importante para no desengancharnos de la cabeza, para seguir apretando y para ir a Albacete con la moral de que se puede ganar, aunque no sea jugando bien. Porque para ascender también hay que saber ganar sin jugar bien.

-El centro del campo parece desaparecer en ocasiones.

-En Segunda se aprieta a los mediocentros y cuesta mucho jugar por el centro. Además, cuando jugamos con Bilic y Barral, es normal que uno tienda a tirar balones largos porque ambos son fuertes, rápidos y van bien de cabeza.

-El inicio de 2008 presentaba similitudes con el anterior.


-Pero pocas, porque los resultados de 2007 asustan. De quince puntos en juego no hicimos ninguno. Ahora, vamos a salir de este bache. Tenemos un partido precioso en Albacete para después enganchar en casa al Numancia.

-¿Lo de El Molinón tiene explicación?

-No. Sinceramente, no. Yo siempre he dicho que los rivales no vienen a jugar igual a El Molinón que cuando lo hacen en sus campos. Se nota. Nos esperan más en la retaguardia y es entonces cuando nos cuesta más.

-¿Les puede la presión o es algo de cabeza?

-En ocasiones puede ser una cosa de cabeza, pero entendiéndolo como algo anímico. No se trata de la presión del campo. Al contrario. Jugar en El Molinón es una gozada.

-Lógicamente, también se habla de su futuro.

-Mucha gente me lo ha preguntado, pero no tengo ni idea. Desde noviembre no sé nada del club. Ojalá mi futuro se solucione en breve.

-¿Se ve más dentro o fuera?

-Por ahora me veo dentro. Otra cosa será dentro de un par de meses. Si sigo sin jugar, veré las cosas de otra manera. Mi deseo es seguir, pero nunca se sabe lo que puede pasar.